Posted by: valielopez | 12/10/2009

patagonia-galita

Como ya es costumbre empecé a preparar nuevamente mi mochila, esta vez el viaje lo haría sola. Un año antes ya había ido a Argentina a conocer B.Aires, Iguazú y parte de Uruguay pero quedó pendiente visitar el sur. Me iba en temporada de invierno, así que ahora mi equipaje pesaría un poco más.

Llegué muy temprano al aeropuerto y ya me estaba esperando Leo (un amigo al cual conocí en mi visita anterior). Me llevó hasta mi hospedaje y me ayudó a instalarme, pero luego tendría que cambiarme porque éramos trece personas en una sola habitación, todo un caos.

Después de buscar en varios hospedajes decidí quedarme en B.A.Stop en la cdra. 9 de Av.Rivadavia, costaba 25 pesos, no era muy grande, pero era limpio, los cuartos con un máximo de cinco personas y mucho más céntrico.

Después de instalarme empecé a recorrer la ciudad, no había cambiado mucho desde mi última visita, seguía siendo una ciudad con mucho movimiento, donde las personas van a toda prisa con el reloj marcando sus pasos, la avenida mas ancha del mundo con su imponente obelisco, los cafés, teatros, museos, en fin, es muy agradable perderse en esta gran ciudad. A pesar que prefiero la naturaleza debo confesar que esta ciudad tiene un encanto especial y muchas opciones para realizar actividades.

Mas tarde me encontraría con Damián, un chico de viajeros, quien amablemente me había invitado a hacer un recorrido por la ciudad y con quien conversé mucho acerca de la diferencia de costumbres, modismos en el idioma, culturas, comidas, política, en fin, de la vida en sí, imposible aburrirse! También hicimos un recorrido por algunos bares típicos de la ciudad, cada uno de ellos con su propio estilo.

Al otro día, en compañía de Lucía mi guía de viajeros, fui a comprar el pasaje a Bariloche al terminal Retiro (empresa Vía Bariloche, tarifa 120 pesos bus cama, duración 20hs). Es preferible no llevar cosas de mucho valor, es una zona de la ciudad un tanto movida y es mejor tomar precauciones.

Luego me alojaría en la casa de Lucía, a insistencia de ella, nunca me había hospedado en casa de alguien que no conociera pero me dio tan buena impresión que no dude en aceptar su propuesta, y no me arrepentí, estoy muy agradecida tanto con ella como con su familia por la hospitalidad.

El barrio de Recoleta se caracteriza por ser una de las zonas más elegantes de la ciudad y no podía dejar de visitarlo, así que junto a unos amigos brasileros enrumbamos hacia allá. Hicimos un recorrido observando sus calles señoriales, parques y museos hasta que finalmente llegamos al cementerio de la Recoleta donde se encuentra enterrada Evita Perón, así como también yacen los restos de próceres de la independencia, presidentes, escritores, artistas y demás personajes ilustres.

Terminado el recorrido hicimos algunas compras de artesanías y souvenirs en la feria que se encuentra justo a la salida del cementerio, los fines de semana se puede encontrar esta feria muy pintoresca y variada, donde la comparación y el regateo parecen estar a la orden del día.

Y llegó el día de la partida hacia Bariloche, me invadió un sentimiento de tristeza cuando miraba a través de la ventana del bus a Lu y sus hermanos diciéndome adiós, sin saber que ese sentimiento se repetiría a lo largo de mi viaje.

Ya en el bus, estaba sentada sola y pensaba dormir durante todo el trayecto, pero a la altura de Lujan subió un señor que se sentó a mi lado e iba hasta Neuquén. Resultó ser un conversador imparable, aunque debo admitir que era tan entretenido que no pude dormir en todo el viaje.

Ya faltaba poco para llegar a Bariloche, por fin! Llegué a la estación de buses e inmediatamente tomé un bus local con destino a mi hospedaje (Bariloche Hostel) en pocos minutos ya estaba ahí, costaba también 25 pesos, era muy acogedor y muy lindo.<p> <p>Mis compañeros de cuarto y yo nos pusimos de acuerdo para dar un paseo. Fuimos a caminar por la ciudad, por la rivera del lago Nahuel Huapi, era hermoso verlo de un color azul intenso, con el sol radiante sobre él. En el centro del pueblo el movimiento era abrumador, se puede encontrar tiendas, centros comerciales, restaurantes y mis preferidas : las tiendas de chocolate, casi todas en forma de cabaña con nieve en la parte superior. Muy pintoresco pero también muy turístico para mi gusto.

Al día siguiente fuimos a visitar el cerro Catedral, aunque lleno de gente esto no restaba espectacularidad al lugar. Con un blanco majestuoso conformaba un paisaje natural digno de apreciar por varias horas. También se puede ver una moderna infraestructura, entre teleféricos, tiendas, restaurantes y hasta cybers.

Ir hasta la cima fue una experiencia tan emocionante como congeladora, creo que nunca experimenté tanto frío en mi vida como cuando estuve en lo alto del Catedral. Los chicos que ya sabían esquiar nos trataban de enseñar con mucha paciencia, pero bueno, supongo que algo logré aprender.

Uno de esos días, una de mis compañeras de cuarto y yo decidimos separarnos del grupo e ir a Villa la Angostura, pero lo hicimos tirando dedo (pidiendo aventón), la verdad no pensé que fuera tan fácil, en mi país no es usual esta práctica.

Ni bien llegamos permanecimos unos segundos en silencio contemplando el bello paisaje, era simplemente encantador! No era raro encontrarse con los hermosos san bernardos bostezando y retozando por las calles.

Recorrimos la ciudad y fuimos hacia el lago (otra vez a dedo, ya nos estábamos acostumbrando a no caminar). Era increíble la paz que se puede encontrar ahí, ese día no vimos muchos turistas.
Después de hacer un picnic rodeadas de tanta naturaleza emprendimos el regreso caminando hacia el pueblo.El retorno a Bariloche demoró una hora y media, esta vez lo hicimos en Bus en la empresa de transporte TAS (tarifa 8 pesos).

Se ahorra mucho cuando uno prepara su propia comida, o aportando con alguna cuota si nos ponemos de acuerdo y válido si al menos uno de nosotros cocina. Aunque también es imperdible ir una que otra noche a un restaurant a probar el delicioso cordero patagónico. Recomiendo el boliche de Alberto. Por las noches hay varias opciones para divertirse como los pubs Wilkeny y Roxy, donde no se paga entrada, sólo consumo. Y por el día son recomendables los paseos al cerro Catedral, Tronador, Otto y al Bosque de Arrayanes.

Después de quedarme mas días de lo planificado en Bariloche por fin decidí comprar mi pasaje hacia el Calafate, no fue nada fácil, pues tenía la propuesta de ir a Neuquén y a San Martín de los Andes en auto y con gente amiga, para posteriormente regresar a Bs.Aires, era tentadora pero decidí seguir sola y no desviarme de mi ruta.

El día de mi partida almorzamos todos juntos, luego cogí mi mochila y partí hacia mi nuevo destino, no sin antes asegurarle a Diana (una compañera de cuarto) que cuando me encontrara de regreso en Bs.Aires la llamaría y me hospedaría en su casa, me hizo prometerlo.

El viaje de Bariloche hacia el Calafate era largo, muy largo, así que sólo quedaba relajarme y disfrutar, pero pasó de todo en ese viaje, sin contar las continuas paradas que hacía el bus debido al camino que no se encontraba en buen estado por el clima.

Estaba planeado llegar a Río Gallegos a las 6.00pm (20 horas de viaje) y luego desde ahí tomar el bus hacia el Calafate (4 horas de viaje), pero con todos los inconvenientes que ocurrieron en el camino llegamos a Rió Gallegos a las 9pm, y al bajar del bus nos dimos con la ingrata sorpresa de que el último bus para el Calafate había partido a las 8pm, teníamos que esperar hasta las 6am del día siguiente.

Entre agruparnos y tratar de conseguir una movilidad particular nos dió casi la media noche. Nos aconsejaron quedarnos juntos y pasar la noche en la estación. Así lo hicimos, todo estaba cerrado, no había tiendas ni restaurantes abiertos, teníamos hambre y empezamos a compartir nuestras provisiones.

Yo no contaba con mucha comida, solo unas facturas (que eran mi debilidad) y unos chocolates que llevaba de regalo, los cuales se desvanecieron en unos segundos.

Entre todos los viajeros y pobladores que habíamos compartido el largo trayecto se encontraba una señora de avanzada edad con su pequeño nieto, iba a Rió Gallegos en busca de su hija, era una historia muy larga pero ella tuvo la confianza de contárnosla durante la amanecida en las frías bancas de la estación de buses, era una historia muy triste y conmovedora.

Esa noche cada quien contó algo de si mismo, había una confianza y una complicidad inexplicable entre gente que quizás no se volvería a ver y que sólo coincidía en un momento de sus vidas. Todos compartíamos algo, por mas sencillo que fuera.
Así transcurrió esa madrugada, entre cantos de algunos viajeros, cuentos, anécdotas, bromas, mates y facturas, fue una noche para no olvidar.

Ya avanzada la madrugada mi cuerpo empezó a sentir el cansancio y el frío se hizo mas intenso aún, me acosté sobre las frías bancas abrazada a mi mochila, era muy incomodo, pero el cansancio pudo más. Fue como si sólo hubiese pasado unos segundos cuando sentí el leve bullicio del empezar de un nuevo día, ya había abierto la estación y la gente comenzaba a llegar. Ernesto, un amable habitante del Calafate me había cubierto con alguna manta, de no ser así hubiera muerto de hipotermia.

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Responses

  1. es lo maximooo!! que buen diarioo chamaaa


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